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Qué es la fatiga pandémica y cuáles son sus síntomas

La fatiga pandémica, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) es una “desmotivación para seguir las recomendaciones de protección y prevención, que aumenta con el tiempo”.

La fatiga pandémica es una respuesta natural y esperada a una crisis de salud pública como la de la Covid-19, cuya gravedad requiere medidas restrictivas que tienen un fuerte impacto en la vida de la gente, aunque la enfermedad no afecte de manera directa.

En concreto, y según los datos de la OMS, la fatiga emocional está afectando al 60% de la población europea. De hecho, en algunos países de la Unión Europea, la situación en este sentido es peor en 2021 que en el pico de marzo de 2020, cuando estalló la pandemia.

En España, el 40% de la población presenta síntomas graves o moderados de depresión como falta de interés, desesperanza o decaimiento, según el estudio Malestar psicológico derivado de la Covid-19, elaborado por el Consejo General de la Psicología de España.

¿Cuáles son los síntomas de la fatiga pandémica?

Teniendo en cuenta las estadísticas, es bastante probable que tú, o alguna persona de tu entorno cercano padezca fatiga pandémica en mayor o medida. Los síntomas pueden ser diversos, pero podemos clasificarlos en tres categorías: emocionales, físicos y cognitivos. Estas tres categorías de síntomas, además, están íntimamente relacionadas.

El impacto emocional de la pandemia de la COVID19 es innegable. Las personas que padecen fatiga pandémica se pueden enfrentar a emociones como: apatía, desmotivación, agotamiento mental, ansiedad, desesperanza, miedo, preocupación, indefensión, tristeza, frustración, irritabilidad, soledad, anhedonia, o hartazgo.

Las emociones, a su vez, suelen influir en el cuerpo de forma patente. La fatiga pandémica pude provocar alteraciones del sueño, del apetito, cansancio físico, e incluso sensación de ahogo o problemas gastrointestinales, sin que estos estén causados por una patología física.

En cuanto a los síntomas cognitivos, diversos estudios realizados a nivel global indican que la fatiga pandémica provoca también toda una serie de pensamientos negativos que giran en torno a la idea de que el futuro es desesperanzador. La frustración, la sensación de desprotección o de peligro, incluso el miedo a que las cosas nunca vuelvan a ser como antes, o, a que nunca volvamos a disfrutar de igual manera.

¿Cómo afrontar la fatiga pandémica?

A pesar del hartazgo, es importante que sigamos manteniendo las precauciones necesarias para evitar el contagio. Para evitar la fatiga pandémica, en primer lugar, debemos normalizar lo que sentimos. Es decir: comprender que es normal sentir tristeza y/o estrés, y dejar de sentirnos culpables por ello. Estos últimos meses están siendo muy duros para casi todo el mundo. Identificar estos estados de ánimo es el primer paso para reducirlos.

Algo que también ayuda a reducir la fatiga pandémica es cuidar nuestros hábitos. Parece una tarea muy sencilla, pero a veces el malestar hace que nos dejemos arrastrar por la desidia y entremos en una especie de círculo vicioso poco saludable. Para mejorar nuestro bienestar, conviene que nos comprometamos con nosotros y nosotras mismas a cumplir algunas pautas:

  1. Dormir entre 6 y 8 horas al día.
  2. Alimentarse saludablemente, respetando los horarios y evitando los productos ultraprocesados.
  3. Realizar algo de ejercicio cada día.
  4. Practicar técnicas de relajación, respiración, meditación y/o yoga.
  5. Hacer actividades agradables. Adaptar las cosas que nos gustan a la realidad actual, y hacerlas, sin dejarnos llevar por la apatía. La realización de actividades agradables es la base del estado de ánimo.
  6. No aislarse. Mantener el distanciamiento social no tiene por qué significar aislamiento. Intenta mantener tus relaciones familiares y de amistad a través de las nuevas tecnologías, o en espacios al aire libre, respetando las medidas de seguridad.

Post publicado por:

Julio Escudero Villegas

Psicólogo general Sanitario. Experto en creatividad, adolescencia, juventud y personas adultas.


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