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¿Qué es la mediación?

Mediación

¿Quién no ha tenido un conflicto alguna vez?

¿Quién no tiene alrededor, en su entorno familiar o de amistades, alguna pareja que ha pasado por un proceso de separación o divorcio? Cada vez estamos más familiarizados con historias de rupturas de pareja en las que los afectados, en ocasiones inmersos en el dolor, el rencor, la decepción o la frustración, se ven incapaces de llegar a acuerdos beneficiosos para sus hijos e incluso para sí mismos.

¿Quién no conoce alguna persona mayor cuyos hijos no se ponen de acuerdo en cómo hacerse cargo de su cuidado, o para repartir la herencia que les deja cuando fallece?

¿Quién no ha visto en las noticias algún trance entre miembros de diferentes culturas? Cuando las costumbres de unos y otros chocan, dificultando la harmonía y coexistencia en un mismo barrio, ciudad o país.

¿Quién ha estado en alguna reunión de vecinos pacífica, sin gritos, improperios y en la que todos defienden los mismos intereses…? Complicado, ¿verdad?

¿Quién no conoce algún niño que ha sido acosado en el colegio de alguna manera? Niños que pelean entre sí, otros de los que abusan al no ser capaces de defenderse…

En definitiva… ¿Quién no ha tenido un conflicto alguna vez? Pues eso, el conflicto, es lo que tienen en común todas estas situaciones, y es algo natural en las relaciones humanas. Lo que no es tan natural es que se perpetúe en el tiempo y acabe dañando a las partes afectadas, así como tampoco lo es resolverlos con agresividad. Es por ello que surge esta disciplina cada vez más en auge, para evitar, no el conflicto, sino las adversidades que pueden surgir de la inapropiada gestión del mismo.

Pero… ¿qué es la mediación?

Entendemos este método como un sistema de gestión, transformación y solución de conflictos, basado en la creencia de que las personas tenemos capacidad para dialogar, entendernos y, si tenemos la voluntad, llegar a acuerdos.

Es un procedimiento flexible que tiene en cuenta los intereses, las necesidades y los sentimientos de cada persona, así como la relación existente entre los afectados. De esta forma, con la guía de un mediador o mediadora, dos o más partes intentan alcanzar un acuerdo por sí mismas.

Un primer logro que se consigue al iniciar un proceso de mediación, es el de restablecer la comunicación entre las mismas, favoreciendo el llegar a acuerdos y que se pueda mantener una relación en el futuro.

Algunas características del proceso de mediación:

Para empezar, resulta importante destacar que es un procedimiento alternativo de resolución de conflictos eficaz. El 80% de los casos judiciales que acuden a mediación, terminan el proceso con un acuerdo. 

De esta forma, además de ayudar a descongestionar los juzgados, la mediación contribuye a promover en la sociedad una serie de valores, relacionados con la cultura de paz.

No todo enfrentamiento supone que uno tenga que ganar y otro perder, sino que el mediador o mediadora, siguiendo su cualidad de imparcialidad y neutralidad, potenciará la puesta en práctica de determinadas habilidades como la empatía, o la escucha activa, haciendo posible una gestión de las discrepancias con diálogo y cooperación, en la que los intereses de ambas partes puedan ser satisfechos.

Desde un punto de vista más práctico, resulta interesante la idea de que es un procedimiento rápido y económico, mucho más que la vía judicial, por ejemplo. Es rápido porque en pocas sesiones (una media que oscila entre 5 y 10) las partes pueden llegar a un acuerdo; y económico porque con la mediación se evitan los gastos propios de una prolongada tramitación judicial, consecuencia del enfrentamiento entre los participantes.

A través de la mediación se facilita, como decíamos, de una forma voluntaria la comunicación entre los implicados, incluyendo la gestión eficaz de las emociones que subyacen en el conflicto, e invitándoles a proponer alternativas para resolverlo.

Lo esencial es poner el foco en cómo quieren que sea su relación en un futuro, creando un marco donde ellos son los auténticos protagonistas de su proceso, teniendo completa libertad en todo momento para llegar a los acuerdos que más satisfagan sus necesidades, sin que le vengan impuestos por un tercero.

Ahí radica uno de los grandes éxitos y diferencias de la mediación, ya que en otros procedimientos de resolución de conflictos como el arbitraje o el judicial, es el juez o árbitro el que decide y obliga a las partes a cumplir dicha decisión.

La confidencialidad es también un aspecto que caracteriza esta actividad. Las conversaciones mantenidas durante el proceso, y todos los materiales utilizados para la mediación no son susceptibles de ser utilizados en ningún procedimiento legal posterior, por ninguna de las partes en conflicto (esto atañe también al propio profesional que media).

No existe obstáculo alguno para que las partes puedan contar con asesoramiento legal o psicológico durante todo el proceso, aunque sí suele pedirse como condición el paralizar cualquier proceso judicial si lo hubiere, mientras se lleve a cabo la mediación.

Por último, se puede finalizar la mediación en cualquier momento del proceso, bien porque alguno de los mediados lo decidan, o bien porque el mediador lo crea conveniente al percibir desequilibrio entre las partes, mala fe, imposibilidad de seguir avanzando, etc.

Pero como decíamos anteriormente, lo usual es que este procedimiento termine cuando los interesados llegan a los acuerdos que satisfacen los intereses y necesidades de todos.

Un ejemplo práctico sobre mediación

Álvaro y Daniel están discutiendo porque los dos quieren una naranja, la única naranja que queda. A pesar de ser hermanos están dispuestos a todo por conseguir la naranja.

Si la entregamos a uno de ellos, estaríamos siendo injustos con el otro. Y si la dividiéramos por la mitad, ambos quedarían medio contentos, o quizá descontentos.

En este caso, a través de sesiones de mediación, se facilita que cada parte exponga cuál es su necesidad, su deseo y su objetivo con más profundidad.

Resultó que Álvaro quería la naranja para hacer zumo, mientras Daniel la necesitaba para hacer un bizcocho.

La solución es por tanto clara: Álvaro se queda con todo el zumo y Daniel con toda la corteza para su bizcocho. Así, ambos quedaron plenamente satisfechos.

Lo que pretende enseñar esta historia es extrapolable a cualquiera de las situaciones que comentábamos al inicio (divorcios, herencias, conflictos entre vecinos de barrio o de comunidades, peleas en colegios…). En todos ellos, lo importante va a ser atender a las necesidades de cada parte involucrada, con la intención de cubrirlas en la medida de lo posible.

Autores

Equipo Idealoga