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¿Qué es la incertidumbre y por qué nos da tanto miedo?

Generalmente, la incertidumbre viene provocada por una pérdida. Puede ser una pérdida social, que tenga que ver con la economía de un país, por ejemplo, o personal, como un trabajo, una pareja, o el falleciemiento de una persona querida. Otras veces, las cosas a nuestro alrededor cambian tanto que lo que perdemos es nuestro sistema de creencias: las herramientas con las que nos desenvolvíamos en el mundo que nos rodea, de repente no sirven. Estas pérdidas, sean del tipo que sean, pueden generar una enorme incertidumbre a la que nos podemos enfrentar, a su vez, desde dos posiciones: la de la seguridad o la de la confianza.

Abordar la incertidumbre desde la seguridad implica convencerse de que las cosas van a ir bien porque tenemos un cierto control sobre el devenir de los acontecimientos. Esta seguridad, en realidad, no la tenemos nunca, por mucho que a veces pensemos que así es. Un criterio mucho más fiable es asumir la posibilidad de que haya cosas que no salgan bien, pero siempre con la confianza de que saldremos adelante pase lo que pase. Todas las personas hemos tenido situaciones complicadas en la vida, de las que hemos salido más o menos airosas, pero que hemos superado.

Ante la incertidumbre y los problemas podemos orientarnos hacia las preocupaciones o hacia las soluciones. Podemos darle muchas vueltas a un mismo pensamiento, enfocarnos en la preocupación, y anticipar todas las posibles situaciones catastróficas que luego no se dan, pero así normalmente no encontramos la salida. Sin embargo, cuando nos enfocamos en las soluciones, en lo que sí está en nuesta mano hacer, no sólo tenemos sensación de alivio, y de habernos ocupado hasta donde podíamos hacerlo, porque lo demás escapa a nuestro control, sino que, además, generalmente encontramos el camino hacia la solución.

La importancia de evaluar con justicia

Frente a las dificultades, tenemos 3 patrones cognitivos diferentes que debemos evitar: el terribilismo, que magnifica la situación; el catastrofismo, que magnifica las consecuencias; y el satanismo, que busca culpables, para evitar tener que asumir la responsabilidad propia.

Para no caer en estos patrones, es recomendable establecer una escala de valores, por ejemplo, del 1 al 7, dando al 1 un ejemplo de una situación extraordinaria y al 7 una fatal, para poder calibrar verdaderamente en qué situación nos encontramos. Que nuestro pensamiento integre que un determinado acontecimiento es malo, o muy malo, no es lo mismo que integre que es fatal. Hacer ese análisis de la manera más exhaustiva posible es muy importante, teniendo en cuenta que nuestro pensamiento determina primero nuestras emociones y después nuestras acciones.

Del mismo modo, es importante poner atención en los criterios que ponemos para evaluarnos a nosotros y nosotras mismas. Debemos hacer todo lo posible, dentro de lo que cabe. Las circunstancias que nos rodean nos afectan indudablemente y no podemos perder eso de vista. Por ejemplo, y por hablar en términos generales, 2020 ha sido un año complicado para todo el mundo, por lo que no parece razonable que nos exijamos los mismos resultados que en 2019.

Las Redes Hebbianas como aliadas

Cuando aprendemos, por ejemplo, a conducir, al principio necesitamos muchísima atención y poco a poco vamos automatizando la tarea, hasta que somos capaces de realizarla casi sin pensar. Esto es gracias a las Redes Hebbianas: un conjunto de neuronas que se activan al mismo tiempo. Cuando se activan de manera continua, cada vez va más rápida esa activación. Necesitan, digamos, práctica.

Este tipo de redes se activan en otras situaciones, como ante las pérdidas, y pueden hacernos sentir mal. Sin embargo, lo que descubrió Donald Hebb, el neurocientífico que les da nombre, es que las redes hebbianas se pueden activar de manera consciente y voluntaria, ya que podemos poner en marcha mecanismos para hacernos sentir mejor, a través de interpretaciones positivas de las cosas. Se trata de crear una red en torno a la confianza, recordando por ejemplo, aquellas situaciones dificiles que hemos superado, o poniendo en valor las actitudes que refuerzan esa confianza.

Podemos igualmente hacer una red hebbiana sobre el optimismo y la gratitud. En los últimos meses hemos sufrido tantas pérdidas que ha sido dificil no enfocar nuestros pensamientos en ellas, pero debemos poner en valor lo que sí tenemos: un hogar, seres queridos, comer a diario. Son cosas que damos por hechas y que nos parecen pequeñas, pero que son en realidad, las más importantes.

 

Post publicado por:

Ángela Pulido Flores

Psicóloga especializada en Psicología Clínica Infanto-Juvenil y personas adultas


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