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La importancia de la inteligencia emocional

¿Qué son las emociones?

Las emociones son respuestas que nuestro cuerpo nos da ante situaciones que ocurren a nuestro alrededor. Nos dan información sobre cómo debemos actuar ante lo que ocurre. Las emociones básicas son cinco: alegría, tristeza, miedo, enfado y asco. Todas ellas son necesarias, nos permiten adaptarnos a las realidad que nos rodea para seguir en nuestro día a día. Por eso debemos hablar de emociones agradables y desagradables, y no de emociones buenas y malas.

Por ejemplo, la alegría es la emoción más socialmente aceptada, porque es más fácil estar con una persona que está alegre que con una persona que está triste. Sin embargo, también entraña un peligro: a veces nos resulta más sencillo fingir alegría y continuar, mirando hacia otro lado, que aceptar otras emociones más desagradables y mirar hacia dentro para comprender qué nos está pasando.

El enfado es otra de esas emociones desagradables. Es, además, una emoción que socialmente se acepta más cuando va vinculada al género masculino. La pregunta que debemos hacernos es siempre ¿qué hay debajo de ese enfado? Muchas veces suele haber tristeza, que, en este caso, vinculamos socialmente al género femenino. Lo que en ocasiones perdemos de vista es que, debajo de ese enfado y de esa tristeza, lo que suele haber es miedo. Por eso es tan importante mirarnos hacia dentro, para sentir realmente lo que nos producen determinadas situaciones o personas. Sólo permitiéndonos sentir esa emoción podremos avanzar en nuestra inteligencia emocional.

¿Cómo funcionan las emociones?

Las emociones son portadoras de información, su función es señalarnos lo que necesitamos ante las diferentes situaciones que nos encontramos en la vida. Las emociones, siempre que sean primarias como es el instinto, van a ser verdaderas, y serán probablemente más acertadas que aquello que estemos tratando de racionalizar. En momentos de duda, escuchar lo que nuestro cuerpo nos dice suele dar mejores resultados.

De las emociones se ha dicho que adaptan los pensamientos a las demandas que tenemos de cada situación, que facilitan la toma de decisiones y que nos preparan para rápidas respuestas motoras, como en el caso de tener que huir. Además, cumplen también importantes funciones sociales. Por ejemplo, proporcionan información sobre las intenciones de las demás personas, dan información sobre si algo es bueno o malo. Nos ayudan a traducir los comportamientos de otras personas. Sus reacciones, su lenguaje no verbal, lo que dicen… nuestras emociones nos ayudan a interpretar lo que las demás personas quieren expresar, y a reaccionar correctamente.

Sin embargo, para beneficiarnos de estas funciones tan necesarias, debemos tener ciertas habilidades emocionales. No tenerlas puede implicar que las emociones supongan un desgaste enorme en nuestro día a día. Ocurre que, ante emociones como la tristeza, la ira o el miedo, nos podemos descontrolar, de forma que nos abrumen y nos superen; y podemos empezar a emplear maneras disfuncionales de “superar” esas emociones. Como por ejemplo cambiar de actividad, intentando “no sentir” y mirando para otro lado, evitar a esa persona o a esa canción que nos provoca esa emoción desagradable.

Evitar sentir implica no afrontar, no resolver, y esto nos suele llevar a una especie de circulo vicioso que puede terminar en problemas más graves, como la ansiedad o la depresión. Por eso, primer paso para fortalecer nuestra salud mental y nuestra inteligencia emocional es atrevernos a sentir y aprender a escuchar a nuestro cuerpo.

Post publicado por:

Henar Martín López

Psicóloga sanitaria especializada en Psicología Infantil y terapia familiar; Violencia de género e igualdad


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